Ramiro Calle y el Feng Shui
Vivimos en una sociedad que tiene la propiedad de que los peores males los transforma en inevitables
Ramiro, ¿Cuál es el origen del feng shui?
R. C.: El origen verdadero del feng shui, se dice que es anterior al taoísmo, pero no es cierto. Ocurre que las tradiciones compiten por ver cuál es más antigua. Los budistas dicen ser anteriores al yoga, el feng shui que es más antiguo que el taoísmo, el confucionismo que es más antiguo que los primeros principios espirituales, en China ocurre que siempre tratan de hacer ver que su tradición es la más antigua. Algunos estudiosos del feng shui dicen que el feng shui es milenario y que surgió antes que el taoísmo, pero eso no es cierto, la filosofía más antigua hasta la que se puede llegar, en China, indudablemente, es el taoísmo. Lao Tse, que era contemporáneo de Confucio y el mismo Confucio, constituyen las dos mentalidades chinas que siempre han imperado. Que Lao Tse era el ácrata, el libre pensador, el trasgresor de las reglas, esquemas y modelos. Abogaba por la naturalidad, el no artificio, que luego, siglos después, se reflejó en el zen. En contra, Confucio, era un legista, la observancia de las leyes, de las reglas y un largo etcétera.
En realidad el feng shui es una manifestación que nace del taoísmo más puro, no del tardío, sino del más puro. ¿Cómo podríamos definir el taoísmo más puro? Como estar acorde con la naturaleza del tao y esto es lo que conectaría luego con el feng shui.
El tao es un principio neutro, el tao, en principio no es ni bueno ni malo. El tao es muy poderoso pero porque es una energía totalmente neutra y omnipotente, que se manifiesta de acuerdo a infinidad de circunstancias. Todos vivimos inmersos en el tao, el tao a todos nos asiste, pero luego, cada uno puede utilizar esa fuerza para el bien, para el mal, para la armonía a la que da tanta importancia Lao Tse y el taoísmo, o para la inarmonía. Es como la electricidad, la electricidad no es buena ni es mala, es muy buena si la utilizas para la luz, el calor, el confort, pero es malísima si te electrocutas. El tao escapa más allá de las palabras, de los conceptos, el tao es el núcleo del núcleo que dirían los sufies, es lo último de lo último, es el origen, es lo único que se puede decir del tao. No es ni vacío ni lleno, porque está más allá de esos conceptos, está más allá del ser y del no ser.
El verdadero taoísta trata de vivir de acuerdo a las leyes de la armonía y respetar el curso de los acontecimientos y algo que tiene mucha importancia y que luego se puede reflejar en el feng shui, que es saber cuando ingerir y cuando no ingerir, cuando intervenir y cuando no hacerlo. A veces ingerir es lo peor que podemos hacer y otras veces, si no ingerimos, no mejoramos las cosas y las malogramos. El taoísta siempre vive en el no artificio, en lo natural, respetando el curso de los acontecimientos, conectando con su sabiduría primordial, con su armonía interior y llevarla a conectarse con la armonía exterior. El taoísta sabe que él es un microuniverso en el que se hayan todos los elementos del universo, esos elementos con los que después juega el feng shui. Elementos como el fuego, el agua, el aire, la tierra y el éter. Lo primero que un taoísta tiene que hacer es organizar perfectamente todos sus elementos y tratar de abrir sus veintiún canales de energía, tratar de encontrar sus puntos vitales para tenerlos completamente sintonizados, y el taoísta, igual que el yogui, se convierte en un ingeniero de su cuerpo y de su mente.
Si conectas con la sabiduría primordial, conectas con el tao o con lo que los yoguis llaman el dios, el almaÂ… hay que tener un principio muy importante y es que lo que está dentro está fuera y lo que está fuera está dentro, que de otra manera, iniciáticamente ya lo dijo el sabio que “lo que es arriba es abajo y lo que es abajo es arriba”, por tanto hay que buscar la armonía, el objetivo de todo taoísta es la armonía; pero no sólo la armonía exterior, sino la armonía interna. No intentar conseguir la armonía interna a través de la externa, ese es el gran error en el que han caído algunos seguidores del feng shui, que han caído en una serie de normas, de rigorismo, de reglas, que al final se trata de algo más allá del artificio porque si al final debemos apoyarnos en el artificio, como hizo el zen, que en un principio era muy natural y acabó cayendo en los rituales.
De manera, que desde el principio deberíamos hacer una diferencia, lo que llamaríamos el feng shui espontáneo, el de viejo cuño, el que entronca con la naturaleza real del taoísmo y el feng shui posterior que se va llenando ya de reglas, de esquemas, se pierde la intuición y la persona se adscribe a todo tipo de normas con las que va perdiendo su sabiduría primordial. Yo creo que el que hay que recuperar hoy es el feng shui intuitivo y taoísta. Hay un montón de libros, que al final todos son iguales, todos se limitan al mapa pakua del feng shui que nos marca cómo tenemos que colocar nuestra cama, a decir cosas tan manidas, que sabemos todos intuitivamente, que si estás de espaldas a una puerta abierta, eso no es armonía, que si un edificio te está cayendo en la cabeza, tampoco, que determinados espejos mal colocados, tampoco; eso ya lo sentimos, no nos lo tiene que decir nadie, pero todos estos libros son como un solo esquema, un solo mapa físico, son todos iguales y con ver uno basta, esto es porque no hablan del feng shui creativo, solo hablan de normas para todo el mundo, da igual tu personalidad, tu naturaleza, tus tendencias, si eres actor o director de empresa. Cómo deben colocar sus cortinas o su mesa para la prosperidad, cuando eso, por ejemplo, es distinto para cada persona, no entiende igual la prosperidad un ermitaño que entenderá la prosperidad como algo espiritual, un hombre de negocios como económica, un artista como ser más creativo.
Lo esencial del feng shui es la búsqueda de la armonía, después vino la búsqueda de la prosperidad, de lo esencial, pero la inicial fue la búsqueda del equilibrio.
A. C: ¿Volvemos a la búsqueda de la autenticidad?
R. C.: Exactamente, a aprender a vivir, a sentirte, a que todos conectamos con el feng shui de una forma natural, la propia palabra lo dice, agua, espacio y por excelencia otros elementos, todos sabemos que no nos sentimos igual en el vacío, si hay una fuente en tu terraza o no la hay, no nos sentimos igual si nuestra casa es de colores claros y agradables o intensos, si sientes que deben serlos, no nos sentimos igual con una ropa que con otra. Al fin y al cabo, el feng shui es el arte de la colocación, de la reubicación de todo. Pero la recolocación debe comenzar dentro de uno. Hay personas que creen que todo el trabajo interior consiste en recolocar su casa y dicen que siguen sintiéndose interiormente miserables, llenos de angustias, y es que no basta con el decorado exterior, hay que cambiar el decorado interior. El feng shui como decorado exterior es sólo una ayuda, pero no sirve como no haya ese cambio interior, por eso lo importante es invertir el proceso, no ir de fuera a dentro, sino de adentro a fuera. Cuando comenzamos a modificarnos por dentro, surge de una manera natural el modificar tu casa, a vestirte de otra forma, a expresarte de otra formaÂ…
Otra cosa de la que yo veo que adolece el feng shui occidentalizado es la falta de importancia que se le da a los olores, que para mí es inexplicable, uno de los sentidos más fuertes es el olfato, en la mayoría de los libros, no se habla de los olores. No se le da importancia, y es importantísimo, a la ubicación exacta de luces, una habitación puede estar vacía y con una luz puedes armonizar en uno u otro nivel. Y otra de las cosas es la importancia de la música y la forma en la que se inicia, que es desde el vacío o silencio. Y en los libros no tiene presencia la música, el mantra, la vibración.
Todo esto surge como siempre, en occidente tomamos las tradiciones, las degradamos, las degeneramos. Las hacemos a nuestra imagen y semejanza, en lugar de hacernos nosotros a imagen y semejanza de ellas.
Yo no soy un experto de feng shui, pero sí puedo hablar del aspecto intuitivo, de su aspecto primigenio, conectando con el tao.
A. C: ¿En qué cultura o país has percibido más armonía?
R. C.: He estado en la China occidental, a la oriental no he querido ir por la limitación de libertades, he estado en Singapur, Tailandia, Indonesia, la India, Sri Lanka, Nepal, Japón, en fin, en muchos países. En el lugar que más armonía he percibido, a años luz, es en Sri Lanka, una isla en el Índico, por tanto, todo costa, pero más allá de la costa, en el interior, unas montañas extraordinarias, añadimos jungla, la jungla que te come, que corta las carreteras, que se mete en tu casa, que sale de la roca, por todas partes. A eso añadimos un país impregnado por la mentalidad budista de la no violencia, del amor al ser humano, se unen una serie de elementos en todos los planos y cuerpos, eso también es feng shui, el conjunto de planos y cuerpos, cuerpo energético, cuerpo mental-emocional, cuerpo espiritualÂ… y allí se unen todos esos cuerpos, están todos los cuerpos del planeta Tierra, y ahí está instalada toda esa armonía. La sangre se vuelve verde, se vuelve clorofila, es el feng shui natural. La palmera, el valle, la montaña, tiene todos los simbolismos del tao.
El tao tiene tres principios, que se pueden llevar al feng shui, el primero es el vacío primordial, sin el vacío no puede existir lo lleno, no nos damos cuenta de lo importante que es el vacío. Todo el mundo ve un cuadro, pero no ve el vacío sobre el que se ha plasmado el cuadro, o los jardines a los que yo iba tanto a meditar, en Japón, los jardines de rocas, arena rastrillada y una, dos o tres rocas. Se establece tal intimidad con el vacío que la propia mente se vacía y encuentras tu ser interior.
Es un elemento importante que no se potencia en el feng shui, en el que todo se recoloca, pero antes debe estar el vacío. Hay algo hermosos en entrar en una sala que la ves vacía, pero que a la vez la sientes llena, llena de energía, de paz, de quietud, hasta el punto de considerar que poner un mueble sería estropearlo todo.
Otro principio fundamental del taoísmo es el wu-wei, el no hacer, quiere decir el no implicarte, es decir, hacer sin hacer, dejar que todo se haga de una forma intuitiva pero no personalista.
Y el tercer principio fundamental es el no pensar, el ser intuitivo. Muchas veces estropeamos las decoraciones y estropeamos todo porque pensamos en lugar de ser intuitivos.
El verdadero feng shui está en la naturaleza. No nos engañemos, si el ser humano no hubiera tenido que parcelarse, no necesitaría esa armonía ya que la armonía en todo su esplendor, está en la naturaleza. Pero al vernos obligados a vivir en cubículos, hay que poner armonía en la madriguera en la que vivimos.
A. C: ¿Quizá porque confundimos el éxito con el dinero?
R. C.: Aquí hay un problema, hemos cogido todas estas ideas y filosofías de la liberación, de la autorrealización y las hemos pervertido para ir hacia dónde siempre tiende a ir el ser humano, al materialismo más salvaje y más atroz. No entendemos que la prosperidad tiene que ser en todos los cuerpos de los que antes hablábamos, y debe ser a la vez. Aquí solo hay una prosperidad y es hacerte rico, tener más que el otro, vencerle, competir, entonces la enseñanza de Buda, de Lao Tse, de Jesús, etc. que eran de una gran pureza, las tergiversamos para ponerlas al servicio del ego y del materialismo, entonces pierden su sentido tradicional.
A. C: ¿Tú crees que con todas estas corrientes que están llegando de oriente harán que alguna vez nos demos cuenta de dónde está y cuál es la enseñanza?
R. C.: Tanto miramos los reflejos que perdemos la referencia del origen de esos reflejos, nos despistamos en los reflejos y no vamos al tronco, al origen. Estamos instrumentalizando todas estas valiosísimas enseñanzas para nuestro provecho personal. No para ser mejores, no para ser más cooperantes, no para favorecer a la Tierra ni a nosotros, sino para seguir incrementando nuestras cuentas bancarias, para engrandecer nuestro falso poder, para envanecernos, ese es un gran problema y eso también hay que llevarlo al feng shui. Además debemos luchar con la bobería de algunos snobs, gente que no les importa el feng shui ni la armonía para nada, pero luce mucho el presentar su casa, su oficina y mostrar todo el feng shui que han comprado y que está de moda.
A. C: ¿Dónde crees que estaría el desencadenante para que, de una vez, feng shui, tao, budismo, cristianismoÂ…, todas las filosofías que le dan sentido al ser humano, se vieran como algo útil, como algo que nos engrandece y no como banalidades de moda?
R. C.: Necesitaríamos tener un golpe de luz de una intensidad tan profunda que nos diéramos cuenta que estamos ante una encrucijada de dos caminos: la afirmación del ego o la superación del ego. Mientras todo esto lo utilicemos para afirmar el ego nunca superaremos el ego. Nos dedicaremos a distorsionar, adulterar, corromper las genuinas enseñanzas para ponerlas a nuestro servicio en lugar de ponernos nosotros al suyo, al servicio del darnos, de la verdad espiritual. Con ello elaboramos la peor mentira, que no es la mentira neta, es la verdad a medias. Todo lo intercambiamos y llegamos a la situación de olvidar la paternidad real de todos estos métodos. Hay publicaciones editoriales que se anuncian como algo descubierto recientemente que no son más que la trasmisión mal hecha de obras que se elaboraron hace milenios y que llevan todo ese tiempo trasmitiendo su enseñanza. Me parece una traición el que copien sin indicar de dónde se ha recogido la fuente.
A. C: ¿Habría, entonces que concebir todas estas tradiciones y vivirlas desde las emociones?
R. C.: Eso es, desde la genuina motivación, siempre se ha dicho genuina motivación e intención. Es decir, tú no utilizas bien una técnica pero lo haces desde la pura intención y sirve. Utilizas una técnica correctamente, sin intención pura y no sirve. Es como un mantra, no es recitar el mantra perfectamente, es recitar el mantra con amor, desde el corazón, desde el plexo solar. Si estuviera perfectamente recitado, trasmitido por el mayor maestro, pero si lo recitas sin intención pura, no sirve para nada.
Si estas enseñanzas son para que el presidente de un banco gane aún más dinero y explote más a todo el mundo, sería mejor que esas enseñanzas no hubieran llegado a nosotros. Han llegado para purificarnos y engrandecernos y no para hacernos más ruines, más mezquinos y más egoístas.
A. C: ¿Necesitamos que no haya feng shui, que no haya tao, etc. para que sobreviva la sociedad capitalista?
R. C.: La sociedad está necesitando que haya lo que verdaderamente debe haber y no servirnos de todo esto para nuestros fines espúreos y encima buscando pretexto. Es como el tantra, en el tantra ya se dice: “unos practicarán el rito de verdad y otros lo practicarán como pretexto para su compulsión sexual”.
Si no hay compasión, si no hay afán de que esa prosperidad la voy a compartir, entonces de qué sirve. Es magnífico que tú tengas el mejor coche del mundo, pero llévame en él, lleva a la gente y compártelo.
Lo que tiene que iluminar todas estas técnicas, que para eso fueron creadas, es la compasión, ya dijo Buda en un hermoso poema: “dieciséis veces más importante que la luz es la luz del sol, dieciséis veces más importante que la luz del sol es la luz de la mente y dieciséis veces más importante que la luz de la mente, es la luz del corazón” que es la luz que debería imperar.
A. C: Ramiro, como siempre, una conversación contigo es toda una clase magistral de amor. Gracias.
Entrevista realizada por Ana Claret, Directora de Universo Holístico