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EL ECUADOR DEL AÑO… se cierra un semestre, se pone en marcha otro, las vacaciones, el vacío, la banalidad. Todo ello da paso a los propósitos para el nuevo ciclo. Razonamos nuestros excesos y nuestras carencias, hacemos nuevos propósitos. El impás del verano detiene y activa muchas situaciones. Nos llenamos de color para coordinarnos con la luz, las frutas, la naturaleza. El agua ayuda a depurar todo lo acumulado en las estaciones anteriores...
Y sin querer recibimos al verano con su San Juan, con su explosión, con su extroversión, los colores, los calores y todo el derroche de energía acumulada durante los duros meses del invierno, es especial de “este invierno”. Ha sido una temporada muy fructífera, nos ha permitido conocer y que nos conozcan. Nos hemos cruzado con muchos valores humanos, agradecemos al universo lo que nos han aportado, lo que nos han hecho aprender. Esos maestros que, sin saberlo, nos ayudan a crecer. Ahora, además de disfrutar de todo ello, nos queda ponerlo en práctica. Nosotros, como medio, debemos empezar a preparar el otoño, la transformación…
La primavera, como el otoño, nos trae cambios. Son cambios que tienen una gran influencia en nuestro espíritu y por ende en nuestro cuerpo. Requieren una adaptación, para las que el organismo, muchas veces, no está preparado; bien porque no ha tenido tiempo o bien por descuido, en cualquiera de los casos son épocas de muchas despedidas, es un tiempo tristemente prolífico en afecciones.
Algunas de esas afecciones son superables, otras, lamentablemente, pueden con la vida de algunas personas. Acompañamos a los que se quedan y deseamos un camino de luz a los que nos dejan. Seguimos intentando aprender y una de las enseñanzas más duras es recorrer ambos caminos con dignidad, tanto el de seguir compartiendo este mundo como el de “avanzar” a otros espacios de luz
Nunca he olvidado la significativa canción de Roberto Carlos: “…Me gustaría ser civilizado como los animales…”, Ni aquello que declaraba Bernard Shaw: “…cuanto más conozco a las personas, más quiero a mi perro…”. Y hablando de perros -que en Oriente no son especialmente bien tratados-, cada vez que he intentado reprocharle a alguien que no eran bien tratados, me ha contestado abiertamente: “¡Pero si ustedes hacen cosas atroces con los toros en su país!”.